jueves, 5 de septiembre de 2013

Andes. Perú. Cordillera de Huayhuash. Nevado Trapecio. Cara sureste. Nueva vía de Pita y Fernández. Accidente y rescate

Cara SE del nevado Trapecio (5653 m) con la línea de nuestra vía.


Nueva vía y accidente en el nevado Trapecio
Por Miguel Ángel Pita Galego.
En O Barco de Valdeorras, España, a 4 de septiembre de 2013.


Introducción.

Siete años después me toca recordar de nuevo nuestra expedición a la cordillera de Huayhuash del año 2006. Unos japoneses repitieron la vía que abrimos en el nevado Trapecio creyendo que eran ellos los aperturistas y a partir de ese hecho me llegan contactos a mi blog tratando de confirmar datos de aquella ascensión. Uno de los correos que recibo es de Antonio Gómez Bohórquez («Sevi») y otro de un miembro del American Alpine Journal.

Este escrito lo redacto para aclarar algunas dudas que me planteó Sevi acerca del rescate que tuvo lugar entre los días 2 y 6 de agosto de 2006, tras el accidente que sufrimos al descender del nevado Trapecio —después de haber abierto una vía en su cara sureste— y que supuso la muerte de mi compañero José Manuel Fernández López.

No voy a entrar a describir con detalle como transcurrió aquella expedición: hice varias proyecciones en años anteriores, se publicó una pequeña reseña en la revista Desnivel, nº 251 junio 2007, subí varias entradas a mi blog, con fotografías y croquis, y escribí un relato titulado Sin Red, en el que vuelco todos mis recuerdos. Actualmente considero un capítulo pasado esa fase de hablar en público sobre ese viaje. Sí me parece interesante hablar sobre lo que supone un rescate en una cordillera remota como la de Huayhuash.

José Manuel Fernández en la pendiente de acceso a la cara SE del Trapecio.


Rescate en Huayhuash

Vaya por delante mi agradecimiento a todos los que nos ayudaron en aquel duro trance: a Justino, nuestro amigo de Huaraz, a los cinco miembros del equipo de rescate de Huaraz que acudieron a Huayhuash y con medios poco apropiados sacaron el cuerpo de José de la falda del Trapecio, a Manuel Sánchez del Consulado de España en Lima, que trató de que sobrelleváramos lo mejor posible el tiempo de espera en el país y se encargó de los trámites para la repatriación, a Alfredo Quintana, de Huaraz, que intentó sacarnos de Huayhuash con rapidez, cosa muy difícil de conseguir.

Cuando uno se va a escalar a un sitio como Huayhuash, en pequeño grupo y en «estilo ligero», tiene que tener claro que en caso de accidente las dificultades van a ser enormes para solucionar la situación. El único reproche que puedo hacer al respecto tiene que ver con la insuficiencia del dinero del que disponía el seguro para el rescate y repatriación.

En nuestro caso un accidente así ocurrido en España, por ejemplo, supondría una o varias llamadas de teléfono, uno o varios vuelos de helicóptero y el traslado del accidentado y los compañeros a un lugar seguro en el plazo de 24 horas, en el peor de los casos.

En Huayhuash supuso que el cuerpo de José estuvo tres días esperando a un helicóptero que no llegaba. Tres días de desesperación, en los que yo tuve que subir al lugar donde estaba el cuerpo al día siguiente de escaparme de la pared mientras nuestras mujeres descendían a la aldea de Huayllapa, a donde se tarda cuatro o cinco horas andando, a dar la voz de alarma y a donde tuve que volver al día siguiente yo mismo para volver a comunicarme con Huaraz, Lima y España.

José Manuel Fernández en la cascada de hielo de la cara SE del Trapecio.


Inconvenientes para el rescate

Los principales problemas con que nos encontramos para llevar a cabo la operación de rescate fueron los siguientes:

● La comunicación desde Huayhuash hacia el exterior es muy complicada. Encontramos en Huayllapa un locutorio telefónico desde el que se podía hablar empleando tarjetas prepago, con las que todo se ralentizaba enormemente.
● El helicóptero que supuestamente había en Huaraz para el rescate estaba destinado a otras funciones.
● Las gestiones con el seguro federativo fueron lentas y engorrosas. Nos derivaban a una oficina que no estaba en España, con unos horarios rígidos e insuficientes.
● El dinero para el rescate y la repatriación no cubría toda la cuantía que se solicitaba para mover un helicóptero y para enviar el cuerpo de vuelta a España.
● Cuando se dispuso de helicóptero, este nos dejó a los cinco rescatadores y a mí en la base de la pared y se marchó, recogiéndonos al día siguiente.
● Por motivos de jurisdicción el helicóptero nos trasladó a Huánuco (a los cinco rescatadores, a José y a mí), en vez de a Huaraz, lo que me supuso un viaje de ocho horas en taxi hasta Huaraz y la separación del grupo durante dos días, con la incertidumbre que eso ocasionó.

Cara SO del Trapecio, por la que descendí desde la cumbre.


Recomendaciones

En definitiva, un rescate en un lugar tan salvaje como éste lleva a las personas que lo sufren al límite físico y mental. Si se quiere evitar esto se me ocurre que puede ser recomendable tomar una serie de medidas como:

● Formar un grupo algo más amplio.
● Estudiar la posibilidad de ampliar el seguro federativo con otro, si es viable económicamente.
● Informar previamente en el consulado de España en Lima, del lugar en el que se va a desarrollar la actividad.
● Contratar con una empresa potente de Huaraz todo el tema de apoyo en la montaña, para que nos echen una mano en caso de problemas.

Espero que estas líneas aporten algo a todos aquellos que las lean.

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