martes, 10 de noviembre de 2020

América. Andes. Evelio Echevarría. Obituario.

Evelio Echevarría. Foto Sevi Bohórquez.


En memoria de Evelio
Sevi Bohórquez

Evelio Echevarría Caselli murió pacíficamente, en su cama, acompañado por su familia, en su casa de Loveland (Colorado), a sus 94 años de edad, en la noche del jueves 29 de octubre de 2020. Le alegró ver a tiempo el artículo homenaje a su vida y obra publicado en la revista Peñalara.

Evelio, el menor de los seis hijos de José y de Virginia, nació en Santiago de Chile en 1926. A los 27 años emigró a los Estados Unidos de América, donde conoció a Edwina, se casó con ella en 1957 y tuvieron cuatro hijos. Trabajó para pagarse sus estudios universitarios, mantener a su familia, obtener un doctorado en Estudios Hispánicos. Desde 1964 impartió clases sobre literatura española y sudamericana, en la Universidad Tecnológica de Colorado, en Fort Collins, hasta su jubilación en 1997. Dedicó buena parte de su tiempo libre a la actividad montañera y a conocer cuanto estuviera relacionado con los Andes. Disfrutaba explorando, ascendiendo a cimas vírgenes, aún más cuando encontraba en ellas vestigios de ascensiones antiguas que le impulsaban a indagarlo todo acerca de quiénes las alcanzaron primero. Sobre su vida y afición andinista véase Evelio Echevarría Caselli, toda una vida dedicada al desafío de ascender montañas vírgenes.

La mente y el corazón de Evelio parecían irrigados por sangre humanista con valores del alpinismo tradicional, entre los cuales su generosidad destacaba. Dispuesto siempre a regalar el resultado de sus investigaciones, o bien documentos de su archivo, valoraba la conversación provechosa, agradecía mucho la revisión del resultado de sus indagaciones, deseaba la paz de la montaña, le molestaba el acoso publicitario telefónico y, sobre todo, le resultaba insufrible la bulla de la televisión o de la «música chicha» durante sus viajes. Preguntaba con la humildad propia del alumno que aprecia la respuesta del maestro. Admiraba el ingenio y el espíritu emprendedor de los bonachones y desenfadados norteamericanos, aunque le entristecía que la mayoría se dejara dirigir tanto por los medios de comunicación.

Lo dicho nada tiene de panegírico. Quienes tuvieran el privilegio de conocer a Evelio lo saben. A buen seguro no podrían añadir otros elogios merecidos si lo impidiera, como me ocurre ahora, la emoción del recuerdo de algún momento compartido con él.

Anécdota de un instante

En septiembre de 2000, desde la ventana de la casa de Evelio, en Fort Collins, veíamos revolotear los copos de nieve iluminados por la luz tenue anaranjada de las farolas cuando empezamos a preparar la cena. «Merecemos la nacionalidad argentina —le dije—, no paramos de hablar». Mi compañera Consuelo, que reía, como Evelio, respondió: «Es lógico, hace muchos años que sólo os comunicáis por carta». El tiempo pasaba volando al hablar con Evelio, que lo recordaba todo: localización, nombres, alturas… Aun así, me preguntó con su habitual modestia: «¿Cómo puedes manejar tanta cantidad de información y contestarme tan rápido? Tus cartas siempre me llegan muy pronto».

En ese momento sólo pude contestarle: «No merezco esa admiración amigo Evelio... ¡Quién tuviera tu portentosa memoria! La mía es ortopédica, tengo una computadora. Ya me gustaría retener en mi cabeza tantos datos como retienes tú. Me he acostumbrado a la comodidad informática, ahorra espacio, y tiempo cuando no me da problemas. No podría volver al método de las notas en fichas de cartulina».

Evelio madrugó para quitar la nieve de la acera y evitar que alguien resbalara frente a su casa, en Fort Collins. Foto Sevi Bohórquez, septiembre de 2000.


Para suerte de la historia andinista, Adams Carter, editor del American Alpine Journal, contaba con la amistad de Evelio, a quien confiaba la revisión de contenidos y animaba a escribir artículos que han facilitado y facilitarán futuras indagaciones sobre los Andes.

Impresionado cuando terminé de leer la primera galerada sobre Perú que me mandó Evelio, en 2017, de su obra The Andes: The Complete History of Mountaineering in High South America—, le telefoneé para devolverle la pregunta: «¿Cómo has podido manejar tanta cantidad de información con tus métodos antediluvianos?»

Espero conservar siempre su carcajada en mi memoria. Lástima que nuestro amigo dejara el mundo de los vivos sin ver impreso su último libro (Summit Archaeology), sobre ascensiones prehistóricas.

Para entender y valorar cómo trabajaba Evelio habría que retroceder al tiempo en que no disponíamos de ordenadores personales, o al menos ojear el librito de Umberto Eco Come si fa una tesi di laurea.

Con Evelio agradecido por una vida larga y feliz y por haber alcanzado tantas cimas andinas vírgenes superiores a 5000 metros, más que nadie hasta hoy, se reparte por la bóveda celeste el alma del último gran Andinista investigador de la era analógica, que nos deja el legado de su admirable obra.

1 comentario:

  1. Hermann Huber, comentario acerca de Evelio: «Es una noticia triste, aunque nuestro amigo gran Andinista Evelio se haya ido tranquilamente después de su vida excepcional, llena de experiencias, y nos deje como herencia su gran obra sobre primeras ascensiones sudamericana. Su vida se extendió desde tiempos bien pasados hasta hoy. Lo donó casi todo, y ahora nuestra vida sin él se presenta diferente. Que en paz descanse».
    Hermann cumplió 90 años, el pasado 20 de septiembre de 2020, agradecido por vivir y celebrarlo con sus amigos y familia en su casa de Unterhaching, cerca de Múnich. https://hermannhuber.de/
    https://cutt.ly/wgBw8AA
    https://cutt.ly/ugBwJ6h
    https://cutt.ly/GgBwYwH
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